Le he preguntado a mi herida
si nació conmigo
en aquella infancia sin límites,
cuando imaginaba el mundo
en su pureza absoluta,
brillante y lleno de prodigios.
En aquel tiempo,
cuando los mayores
nos cegaban con sus fracasos
y sus miedos,
y nos descubrían la vida
a la medida de sus espejismos
y sus silencios,
sujeta a todas esas normas
inflexibles e inventadas.
¡Cuántos caminos errados
por cumplir los sueños de otros,
por calmar su dolor
y nuestra angustia!
Pero todo fue don,
hoy los sé,
y los caminos siguen abiertos
a todos los futuros mágicos,
vírgenes
y luminosos.