Cambia el paisaje a cada paso
y siempre nos resistimos
a reemprender el camino.
Cada adiós reabre la herida,
y vuelve a doler el recuerdo.
Tantos rostros queridos
se asoman de nuevo a los espejos.
Tantas risas de niños que fueron,
resuenan como un eco lejano.
Pero sé que todas las músicas de los días felices,
todos los abrazos que calmaron la tristeza
seguirán pegados a estas paredes,
aunque ahora,
en el abandono,
amenacen ruina.
Gracias infinitas querido Julián
