La ropa de verano
ya hiberna
en el altillo de un armario
entre tus cartas y las mías,
reliquias de un tiempo
que ya pasó.
Pasarán los meses
y volverá la ropa
al ajetreo diario.
Pero tus cartas
y las mías
seguirán envueltas en el olvido.
Quizá las lean nuestros hijos
cuando ya no estemos,
y sonrían por nosotros.
Quizá solo cambien de sitio
en la próxima mudanza.
La que planificamos
el primer día de nuestra historia
y aún espera sobre un papel
entre tus cartas
y las mías.