domingo, 15 de septiembre de 2024

La Fuente que nos convoca

Foto de Esteban Pérez, primo querido de la autora


"Basta arañar la
superficie de lo visible: hay 
tantos milagros como
hierbas salvajes."

Tantos como vidas fluyendo
desde la misma Fuente.

Todas por cauces distintos,
todas llenas 
a rebosar
de historias y de ausencias.

Os miro y sé
que solo la paz importa.
La de saber que cuidamos 
lo esencial del camino:

Esa brizna de hierba
que nos toca regar
a cada uno,
tan efímera y frágil
que lo recoloca todo,
misteriosamente,
en su lugar diminuto.

Los que se fueron lo saben:
solo ese lugar importa.

El lugar y el Amor 
que nos abraza 
desde todas partes.

Confía en la Vida,
nos cantan desde lejos.
Olvida la afrenta.
Borra el espejismo.

Nada permanece
para que la luz se cuele
a borbotones
y la alegría brote 
por el Amor cumplido.

Todo se mueve
para soltar el daño
que nos aleja
(tantos errores nos hicieron sufrir).

Tú confía,
no dejes de confiar,
en la Vida
y en la Fuente que nos convoca.

Esa Fuente
de la que seguimos brotando
para regar cada día
nuestra brizna de hierba.

La que nos lanza al milagro
de nuestro lugar diminuto.


Entre comillas versos de Christian Bobin, del libro El amor a los fantasmas. 

Este poema lo trajo mi familia Pérez y sus más de 50 miembros repartidos entre este mundo y el otro, convocados todos por nuestro querido Estebita el 14 de septiembre de 2024. 

domingo, 1 de septiembre de 2024

Sonrisas y heridas

 


Foto de Geraldina Camargo.


Mi amiga sonríe

y el dolor pierde peso.


Se sabe sostenida

y camina

entre muros oscuros

de incertidumbre y abismos.


Camina y sonríe

y sus ojos brillan

serenos,

y su voz nos canta

en susurros:


“TODO

              ESTÁ

                          BIEN


Todo cae,

pero yo voy en volandas

y remonto la torrentera

en la que el Amor se desborda.


Y así todo lo puedo,

todo lo abrazo,

todo lo espero

en este Amor

que hace brotar la paz

de mi herida.


Y me nombra

hasta que veo su voz

más allá del ruido

y del miedo”.


Este poema me lo trajeron el libro “De noche iremos” de Marta García Fernández, y la voz y la sonrisa de mi amiga Geraldina Camargo.

Gracias, querida Geraldina por tu sonrisa y tu paz, capaz de surcar el océano desde Guatemala para que también nosotros podamos ver más allá. 

Con el tiempo, este poema también quiso ser de mi querida Marisol Moreno. Gracias querida amiga, tu alegría y tu cariño desbordante brillan tanto que ninguna adversidad los oscurecerá jamás.