Qué soledad
tremenda
la que me
asalta en medio del bullicio.
Siento que
no pertenezco a nada,
que me
rodean afanes inútiles
ridículos
pomposos
interesados
violentos.
No
pertenezco a nada.
Ni a nadie.
Ni siquiera
a mis sueños,
perdidos ya
del todo
a golpe de
pragmatismo.
Qué soledad
inmensa
me invade en
estos días,
ruidosos y fatuos.
Brillos
vacíos
en los
desgarros del mundo.
Sigo a pesar
de todo,
del
cansancio y la tristeza,
del
sinsentido y del olvido,
de tantos y
tan variados fracasos,
reiterados todos
sin remedio.
Sigo y
confío
en encontrar
la esencia escondida
en el
absurdo aparente
o en el
dolor infinito:
“Todo lo que
te inquiete es falso.
La muerte
incluso.
Sigue fiel a
tu destino.
Permanece.
Y llegará el
día
en que tendrás
todas las respuestas.
Sólo adora y
confía.
Adora y Confía.”

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