Atravieso la calle
de lado a lado
y el asfalto se vuelve un hilo
de cable fino
de acero y oro.
Se derrite bajo mis pies
y me abrasa.
Miro abajo, hacia el vértigo.
Miro al frente y no hay nada.
Miro atrás y está oscuro.
Miro dentro y aprendo
pasos de funambulista.
Avanzo hacia la otra acera.
Se adivina una luz lejana,
una pequeña llama
titila y crece,
ilumina cuatro sonrisas,
muchas palabras
y un abrazo.
No necesito más para el camino.

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