Que cierre una librería es siempre muy triste. Pero que lo haga la Librería Punto Aparte de Mérida, además nos deja huérfanos de muchas cosas.
María ha sido nuestra librera durante casi cuarenta años. Nos ha visto crecer. Y, corriendo el tiempo, ha achuchado a nuestros niños y los ha puesto a jugar en el cesto de los cuentos. Nos ha descubierto libros y autores fundamentales. Pero, sobre todo, supo crear para nosotros un mundo infinito en un espacio minúsculo. Un mundo en el que te sentías bienvenido nada más abrir la puerta, se ralentizaba el tiempo y surgían espontáneas las historias y las sonrisas. Un mundo lleno de luz y de libros en columnas inestables, donde reinaba un gusto extremo por la conversación y la alegría se respiraba por todas partes.
Todo esto y más es lo que hemos perdido. Al menos, seguiremos teniendo a María y ella podrá contar con el cariño y el apoyo los que fuimos sus clientes y ahora somos sus amigos.
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