Este regalo de tarde
inesperada y discreta,
hermosa
como los días primeros,
sagrada
como el último instante,
este regalo de tarde
nos ha vuelto a reunir
en la palma de su mano
verde,
suave,
mullida.
Tengo tanto que contarte
que inundaría el valle de palabras.
Mejor te escucho
como te escuchó Jaime
en el canto del pájaro.
Mejor te abrazo
y te añoro un poco
desde la ladera del monte
que sube desde tu casa,
en este banco del parque
que no tocará la lluvia.
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