miércoles, 11 de junio de 2025

Poema para celebrar la Pascua II

 



Vuelvo a mi espejismo de niña.

Me persigue por el mismo pasillo.

 

Vuelve tu ira infinita,

reflejo del miedo a perderme

entre ensoñaciones absurdas.


Vuelve mi llanto

y tu cara perpleja.

 

No entiendes a esta hija

que no acepta su historia,

ni las pequeñas fronteras

de este mundo minúsculo.

 

Esta hija

que inquieta tu emoción

contenida desde niño

entre compuertas de hierro.

 

¡Cuánta vida gastada

en mantenerlas cerradas

al dolor y al llanto!

 

Aunque hoy sé

que te fingías castillo

para mantenernos a salvo.

Que tu ira era el rugido

que protege al cachorro.

Y los silencios,

tu afán,

algo infantil,

de ocultar lo oscuro.

 

Hoy te recuerdo

varada en mi orilla,

la misma que quisiste que habitara.

 

No he traspasado un solo metro.

 

Como entonces,

sigo soñando horizontes

que no son los míos,

que no son los nuestros.

 

Quizá más cerca

de descubrir

que no importa.

 

Que en este metro cuadrado

construí el amor,

y el milagro.

 

Y que al final del camino

el amor 

es lo único

que vive para siempre.


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