Hay una roca
en el río
que es como la proa de un barco,
de un barco casi hundido
que se
resiste,
resiliente,
a desaparecer del todo.
Los pájaros
no lo abandonan.
Van y vienen en sus vuelos cortos,
y se posan a descansar a
ratos.
Imagino yo,
que también a contarle
todo lo que circunda.
Así asiste a la
vida
desde su casimuerte:
esa despedida eterna
en la que parece estar varado.
Como
tantos que se van sin irse,
y que siguen queriendo noticias.
Hoy lo
visité
yo también,
desde lejos,
y se me ocurrió este homenaje pequeño,
para este
barcorroca casi hundido,
que se va sin irse,
y no deja de asomarse a la vida.
Para él
y para todos lo que se aferran
al último hilo de esperanza,
o al sentido infinito
de toda su historia.
Tantos son.
Tan invisibles.
Tan llenos de fortaleza.
Algún día se
salvarán todos
de su futuro incierto,
casi hundido.
Y ellos nos contagiarán su
fuerza
y su fe en la vida.
Ese día será el más grande.
Tanto,
que el
barcorroca emergerá
en las aguas del Guadiana
y flotará feliz,
y orgulloso,
hasta llegar a Lisboa.
Quizá hasta cruce el Atlántico.
¿Quién sabe hasta dónde llegan
los barcorrocas reflotados?

Muy poético y sugeridor.
ResponderEliminarMe gusta.
Muchas gracias José Luis!! Qué ilusión que te guste.
EliminarEstupendo. Sigue el curso de la poesia. Y..¡ quien sabe ! Si en el dejarse llevar de su corriente, algún tesoro más te espere.
ResponderEliminarMuchas gracias...lo intentaré. Un abrazo!!
EliminarBarcorroca, mmmmmm. Me
ResponderEliminarLo apunto sister!!!!!!
Graciasss. Besosss
EliminarDe alguna manera somos barcorroca y por supuesto atravesaremos el Atlántico. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarAllá que vamos Perdi!! Todas en pandi..jajaja. Un abrazo grande
EliminarDesde ahora miraré con otros ojos a los barcorrocas, preciosa palabra ...me la quedo.
ResponderEliminarGracias guapa!! Te la regalo ;)
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