domingo, 16 de marzo de 2025

Mujeres que hablan con flores

Foto de Geraldina Camargo. Flores charlando en un hospital.

A Geraldina le hablan las flores.

Le van mostrando el camino.

Ella sonríe

y sigue.


Foto de Myriam Benegas. Árbol Salvador de su patio


Myriam ve a Dios en los árboles.

Los busca

y los abraza con el consuelo del amigo.


Tere susurra a unas orquídeas

que se escondieron dos años 

para probar su esperanza.

Foto de Tere Bea. Orquídeas remolonas


Y yo,

yo quiero tener los ojos de las tres

para ver la lengua de las flores.

Y los oídos de las tres

para escuchar los colores.


Con ese afán las observo

a través de mismo océano.

Y leo todos sus mensajes,

los de las tres,

cuando el sol ya se ha ido.

 

Y algunas mañanas escucho

el saludo de tres buganvillas

asomadas a mi ventana,

mientras cantan 

más allá

todas las flores de la encina.


Foto de la autora. Flores de la encina

Dos de marzo


Hoy vuelve a llover

y recuerdo aquel paraguas

sujeto por tu mano

en medio del camposanto.

 

Un poco más allá,

esa capilla oscura

tan siniestra a mis ojos.

 

Recuerdo tu mano

y tu abrigo

y nuestro desconcierto.

 

Y recuerdo el vértigo,

tres meses después,

en mitad de julio.

La mirada hacia el mismo hueco

de la misma pared de nichos.

 

Y mi corazón saltando

hasta tu mano

bajo aquel paraguas oscuro

tan lejano en el tiempo.

 

Tres meses

que hoy vuelven

para darme el peso etéreo

de tantos afanes absurdos.

 

Todo el camino

para volver a aquella lluvia,

a aquel paraguas

que todavía hoy 

me cobija.




Todo el amor derramado


 



Nada sucede como esperas.

Así se ensancha el corazón.


No sucedió la aventura,

ni brillaron los proyectos.

No recorriste el mundo

y aún vives en tu vieja casa,

esa casa de infancia

que ni siquiera es tuya.


Obediente a lo esperado,

todo el coraje faltó

cuando llegó el momento.


Y se quedó la vida a medias

con los ancestros tranquilos

y el amor derramado.


Todo el amor derramado.

Eso sí.

Y el corazón a la espera.


Aún espera el corazón

cada vez más ancho,

algo más alto,

acurrucado en silencio

en la vigilia del mundo.


Puntos de luz

 


Y morirá nuestro sol

en una explosión de luz

que viajará por el tiempo.

 

Lo verán desde otros siglos

como un punto luminoso en la noche,

como todas las estrellas

de las noches de Aldeanueva.

 

Esas que aún brillan a nuestros ojos

y hace tanto que no existen.

 

¿Quién sabe?

quizá nosotros ya hayamos muerto

y solo seamos reflejo

de otros ojos que nos miran

desde otro infinito

 



Instrucciones para ver



Reverencia lo sagrado

que en todo vive.

 

Limpia la mirada

de nieblas oscuras

y podrás ver su chispa

aleteando en todos los ojos.

 

No importa

lo mezquino de tu corazón,

ni lo atolondrado de tu cabeza,

la dureza de tu cerviz,

el daño que haga tu hermano,

el dolor que te aflige hoy

la herida que no cicatriza.

 

No importa la altura de los demás,

ni la bajura,

ni los malos talantes,

ni siquiera la crueldad

o el horror.

 

Lo sagrado brilla al fondo

y se abrirá paso,

como una brizna de hierba

en la grieta del asfalto.

 

Reveréncialo

y busca su luz

en el agua,

en el viento,

entre todos los cultivos.

 

Hasta que llegue a ti

aunque no lo veas nunca. 

sábado, 1 de marzo de 2025

El dolor del mundo

 

Foto de Ángel Manzano. El estanque del espejo. Casa da Ínsua

El dolor del mundo,

lacerante y brutal,

me cuestiona a diario sin tapujos.

 

Llama a mi puerta por la mañana

y entre lágrimas de rabia y tristeza,

me muestra su catálogo infinito.

 

Va pasando las hojas despacio,

exhausto bajo el peso de tanta angustia.

 

Me muestra las víctimas de la maldad,

las del poder,

las de la crueldad,

las del error,

las de las grandes causas,

las de la indiferencia,

las de la sinrazón,

las de la estupidez,

las de la enfermedad,

las del abandono,

las de la catástrofe,

las de la mala suerte,

las de sí mismas.

 

El dolor de los niños y los ancianos,

de las madres y los abuelos,

de los padres y los amigos.

 

El dolor de los que no tienen nada,

ni a nadie,

para los que su propio hueco

es un lugar inmenso, oscuro y vacío.

 

El dolor del mundo

me interpela

directamente a los ojos

y yo sólo puedo volver la cara

y cerrarle la puerta,

buscar la Esperanza

entre mis cosas pequeñas.

Pintarla si hace falta

con la risa de los niños,

y el abrazo de los míos.

 

Ya pasó la juventud optimista

que no sabía de límites,

que pensaba era posible

cambiar el mundo,

cambiar el alma,

sembrar sonrisas

y recoger obras felices.

 

Ya pasó la juventud

y los años han vuelto el paisaje

aún más oscuro,

más profundo el abismo,

más incierto el destino.

 

Pese a todo sigo

con la esperanza intacta

en un Amor

que lo sostiene todo.

 

En una Luz

que brilla ya

desde el Principio

y hasta el final del tiempo.

 

En una Red

de muchas manos,

pequeñas todas,

herederas de Aquel

que desde antes del mundo

pudo ver

más allá

del Gran Espejismo.


 

En una Red

de muchas manos,

pequeñas todas,

herederas de Aquel

que desde antes del mundo

pudo ver

más allá

del Gran Espejismo.


Tres eran tres



Tres eran tres

las hijas del viento.


Tres eran

tres

en medio del páramo.


La más joven siempre estuvo.

La más libre, que vino del Norte.

La más loca, de todas partes.


Se hicieron fuertes

a golpe de versos y recetas en tuppers,

al hilo de historias y asombros continuos.


Y así abrazaron

todos sus miedos

y todas sus dudas,

todos sus sueños

y todas sus risas.


Y así fueron tres en el devenir del día,

para cargar el peso de las horas crispadas,

cuidar la paz en medio del ruido,

destapar lo absurdo de tanta amenaza.


Tres fueron

tres.

Y tres serán

por todos los caminos.


Que brillarán sus ojos

con cada recuerdo.

Y seguirá el abrazo

y la vida

y la magia alegre

que en el viento y el páramo 

las hizo tres.


Eran tres.

Eran tres.

Eran tres.