sábado, 1 de marzo de 2025

El dolor del mundo

 

Foto de Ángel Manzano. El estanque del espejo. Casa da Ínsua

El dolor del mundo,

lacerante y brutal,

me cuestiona a diario sin tapujos.

 

Llama a mi puerta por la mañana

y entre lágrimas de rabia y tristeza,

me muestra su catálogo infinito.

 

Va pasando las hojas despacio,

exhausto bajo el peso de tanta angustia.

 

Me muestra las víctimas de la maldad,

las del poder,

las de la crueldad,

las del error,

las de las grandes causas,

las de la indiferencia,

las de la sinrazón,

las de la estupidez,

las de la enfermedad,

las del abandono,

las de la catástrofe,

las de la mala suerte,

las de sí mismas.

 

El dolor de los niños y los ancianos,

de las madres y los abuelos,

de los padres y los amigos.

 

El dolor de los que no tienen nada,

ni a nadie,

para los que su propio hueco

es un lugar inmenso, oscuro y vacío.

 

El dolor del mundo

me interpela

directamente a los ojos

y yo sólo puedo volver la cara

y cerrarle la puerta,

buscar la Esperanza

entre mis cosas pequeñas.

Pintarla si hace falta

con la risa de los niños,

y el abrazo de los míos.

 

Ya pasó la juventud optimista

que no sabía de límites,

que pensaba era posible

cambiar el mundo,

cambiar el alma,

sembrar sonrisas

y recoger obras felices.

 

Ya pasó la juventud

y los años han vuelto el paisaje

aún más oscuro,

más profundo el abismo,

más incierto el destino.

 

Pese a todo sigo

con la esperanza intacta

en un Amor

que lo sostiene todo.

 

En una Luz

que brilla ya

desde el Principio

y hasta el final del tiempo.

 

En una Red

de muchas manos,

pequeñas todas,

herederas de Aquel

que desde antes del mundo

pudo ver

más allá

del Gran Espejismo.


 

En una Red

de muchas manos,

pequeñas todas,

herederas de Aquel

que desde antes del mundo

pudo ver

más allá

del Gran Espejismo.


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