Hoy vuelve a llover
y recuerdo aquel paraguas
sujeto por tu mano
en medio del camposanto.
Un poco más allá,
esa capilla oscura
tan siniestra a mis ojos.
Recuerdo tu mano
y tu abrigo
y nuestro desconcierto.
Y recuerdo el vértigo,
tres meses después,
en mitad de julio.
La mirada hacia el mismo hueco
de la misma pared de nichos.
Y mi corazón saltando
hasta tu mano
bajo aquel paraguas oscuro
tan lejano en el tiempo.
Tres meses
que hoy vuelven
para darme el peso etéreo
de tantos afanes absurdos.
Todo el camino
para volver a aquella lluvia,
a aquel paraguas
que todavía hoy
me cobija.

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