
Reverencia lo sagrado
que en todo vive.
Limpia la mirada
de nieblas oscuras
y podrás ver su chispa
aleteando en todos los ojos.
No importa
lo mezquino de tu corazón,
ni lo atolondrado de tu cabeza,
la dureza de tu cerviz,
el daño que haga tu hermano,
el dolor que te aflige hoy
la herida que no cicatriza.
No importa la altura de los demás,
ni la bajura,
ni los malos talantes,
ni siquiera la crueldad
o el horror.
Lo sagrado brilla al fondo
y se abrirá paso,
como una brizna de hierba
en la grieta del asfalto.
Reveréncialo
y busca su luz
en el agua,
en el viento,
entre todos los cultivos.
Hasta que llegue a ti
aunque no lo veas nunca.
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